Millonarios y famosos de EE.UU. sobornan a universidades de élite para que entren sus hijos

La competitividad académica extrema en EE.UU. hace que tener un título en una universidad de gran prestigio sea el mejor trampolín a una carrera de éxito. Desde la guardería, los padres con ambición se esfuerzan por que sus hijos demuestren aptitud para ir a un colegio de primaria de prestigio. Esa es la mejor forma de llegar después a uno de los institutos que, más tarde, te ponen a las puertas de una universidad de elite que, tras los estudios, son la carta de presentación para un sueldo con muchos ceros. A veces, cuando esos esfuerzos no son suficientes, el recurso es tirar de billetera.

La relación entre los grandes donantes a las mejores universidades de EE.UU. y la admisión de sus hijos en las mismas ha sido bien estudiada. El periodista Daniel Golden comprobó que en la lista de los 400 millonarios que han regalado donaciones millonarias a Harvard -el número incluye a personas hijos y a otros con vástagos demasiado mayores como para estudiar- la mitad consiguió que la universidad más prestigiosa del país admitiera a sus hijos. El caso más conocido es el de Jared Kushner, yerno del presidente de EE.UU., Donald Trump. Kushner no tenía ni las notas ni el curriculum para compartir clase con los mejores. Una donación de 2,5 millones de su padre, el magnate inmobiliario Charles Kushner, engrasó su entrada en Harvard.

Ahora se ha descubierto que los padres millonarios están dispuestos hasta a participar del crimen organizado para colar a sus hijos en la mejor educación. El FBI anunció ayer la imputación de medio centenar de personas en una red de sobornos y trampas para conseguir la admisión de hijos sin notas pero con dinero en universidades de gran prestigio. Dos de ellas -Yale y Stanford- forma parte de la llamad Ivy League, el grupo de los mejores centros educativos del país, pero también hay otras de gran prestigio como la Universidad de Texas, la Universidad del Sur de California (USC) o la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Entre los acusados hay 33 padres, que incluyen altos ejecutivos del mundo de las finanzas y de la empresa. Pero también hay famosos, dos actrices muy conocidas en EE.UU. Felicity Huffman, una de las protagonistas de «Mujeres desesperadas», y Lori Loughlin, que se hizo célebre en los años noventa con la serie «Padres forzosos».

«Estos padres son una muestra de la riqueza y del privilegio» y el escándalo muestra la «creciente corrupción en la admisión a universidades de élite», aseguró Andrew Lelling, el fiscal que ha dirigido las investigaciones.

Los padres se gastaron fortunas en sobornar a responsables de admisión de universidades: desde hacer pasar a sus hijos por atletas de elite para conseguir su entrada hasta hacer trampas en los exámenes que filtran a los estudiantes. Los facilitadores permitían que un estudiante con mejores notas tomara el examen en lugar de los hijos de quienes pagaban, adelantaban las preguntas o corregían el examen después de haberse entregado.

El cerebro de la operación era William Singer, que organizaba las trampas y sobornos y canalizaba el dinero a través de una fundación. Entre 2011 y 2018, ingresó 25 millones de dólares con este sistema.

En el caso de Laughlin, pagó 500.00 dólares para que sus dos hijas fueran admitidas para formar parte del equipo de remo, en el que nunca formaron parte. Huffman, por su parte, entregó 15.000 dólares para que el examen oficial SAT de su hija fuera corregido para obtener más puntos.

Las donaciones como las de Kushner son legales. Los sobornos de esta trama, no. Pero ambos tienen en común algo: para colmo, el dinero de los multimillonarios, además de dar una ventaja injusta a sus hijos, se deduce de los impuestos. Leer mas

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