Javier Pérez Andújar: «La melancolía es más bonita que la nostalgia, es menos pesada»

Como en aquella canción de Spiritualized en la que Jason Pierce murmuraba entre lamentos góspel que un huracán le correteaba por las venas, Javier Pérez Andújar (Sant Adrià de Besos, 1965) se permite ponerse cursi un momento para explicar que si en «La noche fenomenal» (Anagrama), su última novela, no para de llover es porque siempre ha adorado los días de lluvia. Así de simple. O quizá no tanto. «Hay una tormenta dentro de mi corazón, así que meterla en la novela tiene que ver con mi manera de ver las cosas», suelta justo después de, quizá por aquello de aligerar la hipoglucemia y equilibrar las cosas, citar dos discos robustos y plomizos como el «Animals» de Pink Floyd y el «Physical Graffiti» de Led Zeppelin. «El gris de la lluvia lo tengo muy asociado a esos álbumes de plomo», aclara.

Así, con Barcelona convertida en una gigantesca esponja sobre la que no para de llover y las tres chimeneas de Sant Adrià transformadas en «el eje del mal»
–«todo lo que pasa en el mundo pasa por Sant Adrià», asegura–, el autor de «Príncipes valientes» combina su pasión por los fenómenos paranormales con la «exaltación del compañerismo y de la pandilla» para sellar un pacto de entrega absoluta a la ficción. «Me di cuenta de que escribir libros impregnados de crónica, alejados de la ficción, me estaba metiendo en un callejón sin salida. La sociología estaba devorándome, y la única manera de salvarme era tirarme de cabeza a la ficción», relata un escritor que, «programado para la rebeldía política» pero más resuelto en la revuelta «delirante» alimentada por los tebeos y los delirios extraterrestres de Erich von Däniken, reconoce que si se atrevió a cultivar la crónica parlamentaria fue precisamente «por amor a la literatura». «La política me importaba un carajo, pero me di cuenta de que ahí estaba la condición humana a tope: la maldad, el delirio, la traición, la timidez… Estaba todo», recuerda.

Chandler a caballo
También en «La noche fenomenal», disparatada novela en la que gente desaparece por unos extraños agujeros para reaparecer transformada en, pongamos, Walt Disney, está todo. «He vuelto a hilvanar todo mi mundo», sostiene. Ahí están, sin ir más lejos, los ripios «mortadelianos» que abren cada uno de los capítulos, los homenajes al escritor Curtis Garland, al librero José Batlló y a todos esos amigos desaparecidos a los que ha querido resucitar, ese jubilado enganchado al rock andaluz, los amigos que intentan descubrir qué rayos ocurre mientras manejan un programa de televisión sobre lo paranormal…

«Es la cultura popular con la que he crecido y la utilizo como símbolo, de la misma manera que en la Edad Media los escritores utilizaban la religión o la naturaleza, que es lo que tenían cerca», señala. Ahí está también, bien a mano, esa melancolía que salpica todo lo que escribe y que, asegura, es más socorrida que la nostalgia. «La melancolía es más bonita que la nostalgia, es menos pesada. Te quedas ahí quieto y ya está», asegura.

Con «La noche fenomenal, añade, también ha querido Pérez Andújar escribir una novela «trovadoresca» sobre el amor cortés con estructura de caballerías y pulso de titán de la narrativa estadounidense. «La línea de cobre sobre la que se va enrollando es la novela de caballerías, pero la mano que le da vueltas es la de Raymond Chandler –detalla–. A Chandler le he querido plagiar el estilo, la manera de ser, esas caídas en picado y esa melancolía que hay al final de cada capítulo;ese arrojarse al vacío». Ese arrojarse al vacío para volver a levantarse, cabría añadir. Leer mas

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