«Puedes ser feliz estando triste»

Hubo un tiempo en el que Margarita Álvarez sufrió una especie de «empacho de felicidad». No porque una gran parte de su carrera haya estado vinculada al estudio y la aplicación de este concepto (como presidenta del Instituto Coca Cola de la Felicidad, como responsable de «Thougth Leadership» de Adecco y como Fundadora del Observatorio de Innovación en el Empleo y la Educación), sino porque, tal como asegura, la felicidad se ha banalizado, desvirtuado y se ha convertido en lo que no es. «Todas las marcas te intentan hacer feliz o intentan transmitir un mensaje de felicidad. Tengo en el móvil una alerta de Google con la palabra «felicidad» y ni te imaginas la cantidad de informaciones absurdas que se general al calor de esta palabra», asegura.

Por eso asegura que su libro «Deconstruyendo la felicidad» no aporta ni reglas ni pautas, sino conocimiento, ese que ha ido acumulando a lo largo de los años mientras estudiaba a los máximos teóricos de la felicidad. «Porque saber y tener información sobre algo tan relevante te ayudará a entender cómo funciona el cerebro, cómo te utilizan tus pensamientos y cómo puedes identificar y aceptar todas tus emociones para afrontar mejor las circunstancias de la vida», explica.

Margarita Álvarez – Luis Malibran

No debe confundirse con la alegría
Una de las cosas que tiene claras sobre la felicidad es que detesta los consejos obvios y las frases facilonas. «No quiero que alguien me diga que si sonrío al espejo y me digo que valgo mucho puedo conseguir todo lo que me proponga. Porque no es verdad y porque es un mensaje peligroso que puede llevar a la frustración. La cosa no es tan sencilla. Hay que hacer, crear, esforzarse, luchar… Y ahí sí que pasan cosas, porque en el camino vives, experimentas y te ocurren cosas con las que nunca hubieras soñado», explica.

Y es que para Margarita Álvarez, la felicidad «es una cosa muy seria» y no paramos de confundirla con la alegría. «¡Y no tienen nada que ver!», exclama. «La felicidad es un estado que implica sentirse pleno y satisfecho con la vida que se tiene, con sus dificultades y sus cosas buenas. Una vida que debe incluir necesariamente la tristeza, la frustración, el dolor… Es absolutamente fundamental que entendamos que una persona feliz puede estar triste, pasarlo mal, tener momentos difíciles, sentirse bloqueado o incluso haber pasado un duelo. Puede estar triste, pero no tiene por qué ser infeliz», aclara.

Por eso propone que no pasemos esa línea roja, la de confundir la felicidad con la alegría, y nos centremos en aprender a gestionar las emociones negativas para saber qué hacer con ellas y que duren el menor tiempo posible, pero no para ignorarlas o quitarles importancia, sino para poner en valor el resto de las cosas buenas que nos pasan a diario.

Cada tipo de felicidad es única
En lo único en lo que podemos estar razonablemente de acuerdo es en que, como decías Aristóteles, todo ser humano tiene como objetivo prioritario ser feliz, de una manera o de otra. Ahora bien, como argumenta Margarita Álvarez, «lo que tú entiendes por felicidad y lo que entiendo yo son cosas diferentes». Así, entran en juego no solo la diferente personalidad, sino las diferentes culturas pues la felicidad no es igual para un norteamericano, por ejemplo, que para un asiático. «La entienden, la viven y hasta la expresan diferente», aclara. Por eso, a lo largo de «Deconstruyendo la felicidad» la autora muestra una gran cantidad de percepciones de la felicidad y teorías para que el lector elija las que le resulten útiles y las pueda adaptar y manejar a su gusto.

¿Puede ser el cerebro más optimista?
Uno de los aspectos en los que incide la autora es señalar cómo nos maneja nuestro cerebro. Así, explica que el sistema límbico, que es la parte emocional del cerebro toma decisiones constantemente. «Pocos segundos después de conocerme has decidido si te parezco razonable o te parezco idiota, si te parezco amigable o peligrosa… Y muchas otras decisiones de las que en realidad no es sido consciente», explica. Por eso, una vez que sabemos que el cerebro nos maneja queda pensar que podemos manejarlo a él.

Para hacerlo, la autora lanza el siguiente argumento: «¿Cuántas veces has escuchado eso de que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos? Efectivamente llevamos el enemigo dentro, y no es otro que la noradrenalina, un neurotransmisor que constituye la base biológica de una preferencia pesimista en nuestra memoria. Conocida como la hormona de la huida, es segregada por las glándulas adrenales cuando nos vemos sometidos a cierta tensión emocional. La hormona actúa aumentando la sensibilidad química de las neuronas y la fortaleza de las conexiones, grabando estos recuerdos y sensaciones a fuego, pues como dice Elsa Punset, «el cerebro busca nuestra supervivencia, no nuestra felicidad, y por eso recordamos mejor lo negativo, porque es lo que nos ayuda a aprender a evitar situaciones de riesgo en el futuro».

Así, para tratar de engañar al cerebro la autora propone que recordemos que la memoria a corto plazo pone el foco en las cosas negativas y que la memoria a largo plazo recuerda lo positivo porque necesita tener una visión optimista de la vida. «Creo que la voluntad de ser optimista es el primer paso para serlo, sobre todo si no surge de ti espontáneamente. Nuestra sensación de bienestar tiene mucho que ver con nuestros sesgos positivos y negativos, con la forma en que interpretamos lo que nos rodea. Por eso es fundamental entender de qué forma actúan nuestras creencias sobre nuestra felicidad, cómo nos hacen afrontar las cosas de una forma o de otra, actuar de una manera o de la contraria. Conseguir que nuestros sesgos nos lleven a pensamientos más positivos y a territorios emocionales más optimistas nos permite acercarnos a un estado general de bienestar. Es cierto que podemos estar equivocados, pero es mejor equivocarnos para sentirnos mejor que para sentirnos peor», argumenta.

Con esto de la felicidad, ¿se nace o se hace?
Otra de las teóricas que cita Margarita Álvarez es Sonja Lyubomirsky, autora de «La Ciencia de la Felicidad» («The How of Happiness») y «Los Mitos de la Felicidad» («The Myths of Happiness»), cuya tesis se basa en que el 50% de la felicidad viene determinada genéticamente, el 10%; por los acontecimientos, el entorno o las circunstancias; y el 40% restante queda determinado por el modo en que afrontamos la vida. «Este 40% marca una diferencia brutal. Por eso pasan cosas como que a enfermedades similares, situaciones laborales parecidas o circunstancias personales casi idénticas unos reaccionan de una manera y otros de modo muy distinto», comenta. Y sobre este punto, la autora de «Deconstruyendo la felicidad» recuerda una de las frases que más le gustan y que, a modo de esencia, tomamos prestada como cierre y colofón: «No pienso que las cosas pasen para mejor, pienso que algunas personas son capaces de sacar lo mejor de las cosas que pasan». Leer mas

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