La contagiosa pasión por vivir de Peter Brook

«Hilos de tiempo» (Siruela) es un espléndido libro de la memoria que se abre con una duda y una perplejidad, la de quien se da cuenta de que conforme escribe se le van pasando las ganas de contar la verdad (que es una humorada que deberían tener más en cuenta los memorialistas) porque sabe que las construcciones de la memoria son, como mínimo, representaciones, puestas en escena mejor o peor pergeñadas, en las que el autor intenta sacar el mejor perfil posible, el que más le favorece, y evita los pantanos y los eriales.

[Peter Brook, premio Princesa de Asturias de las Artes 2019]

Ir al fondo de lo que uno es, penetrar -como dice Peter Brook, flamante premio Princesa de Asturias de las Artes 2019-, en esas zonas de la conciencia que se conocen mal y que son tenebrosas, es por demás dificil, a veces es un viaje baldío, otras un viaje abrumador, destructivo. A todo lo más puede uno seguir algunas guías y eso es lo que hace Brook con el propósito confesado de ser útil a la experiencía de otros, cosa que es en sí misma.

«Hilos de tiempo» es un libro de memorias y una autobiografía espiritual, rara al dia de hoy (mejor no olvidar la obra memorialística de Salvador Pániker en España), esto es, escribir de lo que el autor ha buscado, lo que en el fondo es, lo que ha encontrado en el otro lado del espejo famoso, más que lo que ha hecho, más que la mera sucesión de acontecimientos públicos y privados de su vida.

Una autobiografia poco o nada previsible, por tanto, como su autor, y un teatro y un viaje, de la memoría ambos, o así es como está planteado. El relato de una pesquisa personal intensa, la de la calidad personal, la de quien o quienes emprenden viajes de verdad interiores. Gente luminosa esta, gente que quema y cuyo trato directo o indirecto resulta turbador. La indiferencia no tiene cabida en ese viaje. Así estas páginas a las que es preciso acercarse con tiempo, en una lectura de ir y volver.

Vida inquieta
La vida que en las páginas de «Hilos de tiempo» aparece es una vida inquieta, de una envidiable plenitud, la de quien se pregunta mucho por el sentido de las cosas y por el sentido de su lugar en el mundo, en medio de sus semejantes, uno más entre muchos, alguien que escribe de «la incómoda verdad de que tan sólo empezamos a existir cuando servimos a un propósito situado allende nuestros propios gustos y aversiones», alguien apasionado por la verdad que esconde el teatro y por dar con la puería de acceso a esos mundos escondidos que están al otro lado de los decorados, bajo la tierra, debajo de las piedras, como nos cuenta de manera contagiosa, de manera que despierta en el lector lejanos ecos, en unas bellisimas páginas.

[Su última entrevista en ABC: «Intento llegar a lo universal a través de lo más sencillo, de lo más humilde»]

Peter Brook, nacido inglés de padres rusos, con una vida dedicada obsesivamente al teatro a caballo entre Londres y París y otras muchas ciudades y países (el impagable viaje a Kabul o a India, del que se desgajaría como un fruto maduro su Mahbarata después de haberlo cortejado durante años), hombre nada acomodaticio, escribe sus memorias con humor cierto (el de quien por buscarse mucho se sabe múltiple y siente una instintiva desconfianza hacia las rotundidades del yo soy y demás).

Brook hace aparecer un no muy conocido y sorprendente Peter Brook, persona y personaje literario, imaginativo, desmedido, lleno de fuerza, de fantasía, de rara sensatez (la que se da la mano con el disparate), que contrata al demonólogo (o lo que fuera) Aiistair Crowley como asesor en uno de sus montajes, que viaja como un trotamundos por África improvisando piezas teatrales o que se interesa vivamente por el esoterismo y por el pensamiento de Gurdielf y su guía espiritual. Aparece el viajero inquieto, el hombre alegre, el atravesador del globo en busca de esa única certeza que a todos nos constituye, el ser mínimas piezas de un más vasto rompecabezas.

Una vida jalonada de montajes teatrales, películas, algunos libros, muchos viajes y encuentros, mucha gente, amigos, colaboradores, de renombre algunos de ellos, anónimos otros, escrita con esa eficacia que hace que su entusiasmo, su pasión por vivir, sean estimulantes, contagiosos. Un libro inevitable. Leer mas

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