Antonio J. Rodríguez: «La política siempre fue espectáculo, pero ahora tiene anabolizantes»

Explica Antonio J. Rodríguez (Oviedo, 1987) que si algo hay que se repite en sus novelas, un mantra que brinca de título en título y de personaje en personaje, es la noción de «la comedia humana entendida como auge y caída y auge y caída otra vez». Así, en loop. Ad infinitum. Y pocas disciplinas tan dadas al tropezón perpetuo y a vérselas por millonésima vez con la misma piedra que la política, campo minado al que Rodríguez arroja al protagonista de «Candidato» (Literatura Random House), afilada sátira sobre estos tiempos de ideologías líquidas, política-espectáculo atiborrada de esteroides y barra libre de mensajes partidistas a casi cualquier hora. «Al final una campaña consiste en vender un producto, sólo que ahora se está vendiendo permanentemente. Y este estado de campaña electoral permanente en el que vivimos nos ha hecho ver la política como una ficción. Se percibe todo como una ‘performance’», explica el también autor de «Fresy Cool».

Lo sabe bien Simón Soria, prometedor intelectual de inclinaciones afrancesadas que se presenta como la gran esperanza del Partido de la Democracia, formación conservadora que persigue un lavado de cara exprés de cara a unas inminentes elecciones. Un personaje de ambición desmedida y vanidad abrumadora que, admirador como es al mismo tiempo de dos pensadores antagónicos como Jean Paul Sartre y Raymond Aron, no tiene problema alguno de cambiar de chaqueta, de idea e incluso de acera política. «Es un personaje que me servía como herencia y espejo de todos los perfiles de la nueva-vieja política. Tiene algo de estas nuevas superestrellas progresistas como Macron o Trudeau, pero también de otros políticos que se dedican a hacer campaña gracias al escándalo como los Salvini, Trump y Bolsonaro», explica.

«Pasiones humanas»
Así, bajo la coraza de un thriller político, Rodríguez busca interpelar y sacudir «pasiones humanas» -«hay mucho de los 7 Pecados Capitales dentro de “Candidato”», subraya-, mientras se interroga sobre la interpretación cada vez más cambiante de conceptos como liberalismo. «Parte de la trama surge de esa especie de situación “Lost In Translation” de lo que cada uno entiende por liberalismo. Es casi como un chiste. Cada uno entiende una cosa y en el conflicto surge la acción», relata.

Acercarse al tema desde la ficción, añade, le permite «ser más gamberro» y lanzar una serie de propuestas intelectuales «casi sin la necesidad de comprometerse con ninguna idea». «En ese sentido la novela es como una especie de provocación de cara al lector: le obliga a pensar políticamente sobre algunos de los términos», destaca.

Al final, constata el autor de «Vidas perfectas», se trata de retratar con humor esa suerte de reality show desmadrado en que se ha acabado convirtiendo esta cursa electoral perpetua. «La política siempre ha sido espectáculo, pero ahora tiene anabolizantes», destaca un escritor que, recién llegado a la treintena, detecta un interés renovado de los escritores de su generación hacia lo político. «Supongo que es consecuencia de los tiempos que estamos viviendo o de la evolución del contexto sociológico, que nos ha despertado las alarmas sobre según qué cosas», reflexiona. Leer mas

Primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*