Cuando el corazón del barrio late con ritmo de un relato de terror

A marchas forzadas, como si un aprendiz de mago patoso y algo despistado hubiese arrojado a la chistera la ferretería de toda la vida y la hubiese sacado de ahí convertida en, qué sé yo, una barbería hipster o una pizpireta y colorida tienda de jabones, Jaboncillos Dos de Mayo, a los centros de las grandes ciudades no les ha quedado más remedio que aprenderse del tirón todas las conjugaciones imaginables del verbo «gentrificar». «Hoy nos parecemos más a un parque temático o a un shopping center, y casi todo lo decimos en inglés: hemp store, greek food, smart phone, gay friendly»…, escribe Marta Sanz en «Jaboncillos Dos de Mayo», uno de los dos cuentos de la autora madrileña que Páginas de Espuma sirve ahora junto a las ilustraciones de Fernando Vicente y bajo el título de «Retablo». «No sabemos si alegrarnos o echarnos a temblar», puede leerse en el otro, titulado «Extraños en un tren (versión amarilla)» en un doble guiño a Patricia Highsmith y Alfred Hitchcock.

De hecho, el suspense y, según se mire, también el terror, son dos de los hilos conductores que Sanz, vecina de Malasaña desde hace dos décadas, maneja para ajustar cuentas con su propio barrio y con cualquier vecindario acosado y asolado por la gentrificación. Y es que, si las películas del maestro de la intriga pueden provocar escalofríos, los alquileres de según qué barrios entran directamente en la categoría del horror cósmico. «En el género del terror las cosas familiares se convierten en extrañas y las transformaciones urbanas también han convertido las ciudades en algo ajeno y extraño», subraya Sanz.

El lado oscuro
La escritora madrileña, poco a dada a los cambios («no soy muy adaptativa; tiendo a ver el lado más oscuro, más negro, tanto de lo que ha pasado como de lo que vendrá», apunta), no esquiva el humor y la sátira, pero siempre que sirva como muleta de una crítica que refuerzan, y de qué manera, las vívidas ilustraciones de Vicente. Así, «Retablo» encadena homenajes perversos al género negro y aproximaciones a historias como las de «Aceite de perro», de Ambrose Bierce, y «El perfume», de Patrick Süskind, para intentar capturar el conflicto que generan «las nuevas tecnologías y los nuevos patrones de ocio».

Un roce «entre especies en extinción, personajes resistentes y absolutamente impermeables a cualquier idea de progreso» y otra parte de la población que, señala Sanz, «asume las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de negocio de manera acrítica». «Quería hablar de estos procesos de conflicto en un mundo de transformación absolutamente vertiginosa», resume la autora de «Farándula».

Para ello, Sanz echa mano del esperpento valleinclanesco para deformar a través de la burla aquello que observa cada día. «Para mí es fundamental, siempre que escribo, hablar de territorios que conozco muy bien. Saber cómo huelen, si hace frío o calor», apunta. Y nada como asomarse a los balcones y callejones de «Retablo», a la historia de esas ancianas resistentes y que esos comerciantes asiáticos que braman «¡Muerte a los hispsteles!» para saber a qué huele el big bang urbanístico y comercial de un barrio como Malasaña. Una revelación para que la que, asegura Sanz, han sido indispensable las ilustraciones de Vicente. «Compartimos sentido del humor, referentes culturales y una manera de entender el realismo desde una perspectiva nueva», subraya la escritora. Leer mas

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